Antes de ayer fué la última vez que dormi en mi piso, en mi habitación y ni siquiera fuí consciente de ello. Es decir, yo no sabía que esa iba a ser la última vez....y eso es raro ¿no? la mudanza avanzó mucho y...  pues eso que ya no estoy allí, hace dos dias si, pero hoy ya no, ni mañana ni pasado. Ya nunca mas. Ay no se... no se ni como explicarme. No me pude despedir, no me dió tiempo a llorar, en parte mejor así.  He pensado en todas esas cosas que se hacen por última vez sin saberlo. ¿Cuando fué la ultima vez que dormí sin chupete? ¿Cuando fué la ultima vez que mi madre me bañó, me hizo la trenza para ir al cole o me preparó la merienda? nunca supe que iba a ser la última vez, sinembargo fué.

Yo de siempre me recuerdo muy melancolica y muy apegada, cuando los niños estaban mas felices que unas perdices por el último día de clase yo andaba de lo mas triste despidiendome de cada rincon, de mi pupitre, de mi silla, de mi colgador, de las plantas del patio, del almendro que trepaba. Esto no es normal ¿no? tanto apegamiento y tanta ostia. En la mudanza tambíen me he dado cuenta de la cantidad de cosas de las que me apego. A cosas!!! que me da pena tirar según que cosas porque les doy valor en la escala del recuerdo y si lo tengo que hacer por cojones... ay!! que penita. Y vaya si lo he tenido que hacer, a ver como meto un dúplex de 115 m2 en otro apartamento de 70 y pocos.

Yo no soy fiel no... yo soy apegada que es distinto.