La cordillera litoral amanecieó blanca como las ricas tartas de Santiago o debería de decir rica tarta helada de los Alpes porque el frio que hace no es normal oiga. Algunos coches lucían un considerable grueso de nieve, es decir, 2 o 3 dedos. Teniendo en cuenta que por donde yo vivo ver nieve fuera del congelador es tan inverosimil como el encontrarte un billete de 50 € en la acera podeis haceros una idea que lo que a mi me parece ''un grosor considerable'' para otros será un quitatedeahiquemedaslarisa.

Esto de ver nieve y comentarlo como un acontecimiento mas que curioso casi como un X-file hace que me identifique con los turistas del interior que al llegar a nuestras playas y darse el primer chapuzón salen asombrados y locos de contentos diciendo -Hay peces!!! muchos peces!!- y una piensa -Imposible!!! no me lo puedo creer ¿peces dices? ¿no seran morcillas nadadoras?- pues así me he sentido, con ganas de tocar la nieve a pesar de saber que es blanca, fria y moja, los tres requisitos imprescindibles de cualquier nieve que se precie.

Absorta con los capós y parabrisas de los coches he ido a mi trabajo y al llegar a la puerta 'Oh bendita ilusión un candado con cadena lucía en el portón', que majos los mozos de mi pueblo que se han acordado de la Mandragora en la noche de reyes, que como la tradición manda se han dedicado a tirar nabos a los balcones de las solteras y las solteras coles a los solteros, supongo que por aquello de la paridad y aprobechan (porque no) a putear al ayuntamiento gastando alguna bromita que puede ir desde plantar una barca en la plaza de la iglesia a tapiar la entrada del ayuntamiento. Pero no... que lástima, trabajar igualmente he trabajado cuando los de mantenimiento con un par de martillazos han arrancado la cadena de cuajo.

Nada pues para otra vez será... ¿la intención es lo que cuenta no?