Sagrario torció la boca en lo que pudo parecer una sonrisa; en todo caso la sonrisa mas asqueada del mundo.

Sus manos huesudas dejaban reposar medio descapullado un Ducados rancio que había languecido sin pena ni gloria en dos de sus cuatro dedos huérfanos del índice.
Ya hacia justo cuarenta y tres años que lo vió por última vez, colgando de un cacho piel totalmente triturado y machacado por una premsa que no perdió el compás mecánico ni por un momento, ajena a los sifonazos de escandalosa sangre que salpicaron la cara de la ilegal trabajadora.

Como hubiese deseado desmayarse.

Desde entonces jamás pudo volver a señalar, ni pasar hojas, aunque no sabía leer, ni coger un boligrafo, aunque no sabía escribir, ni sacarse un moco, masturbarse o dar la mano con la naturalidad que confiere la posesión de un dedo índice.
Tampoco nunca mas volvió a sentirse como los demás, la amputación se llevó por delante la mediocridad de lo común y la normalidad, atiplando una personalidad que pasaba de soslayo por moditas pasajeras de cualquier tipo, anclandose y convirtiendose en una tipeja imposible de catalogar. Por eso en el barrio la llaman ''la bicha''. -Por ahi anda ''la bicha'' con la cara cruzada de profundas arrugas como acequias secas por el duro sol que la curte. Labios no pintados si no atropellados de carmín rojo pasión, vistiendo una falda de estampados imposibles tan inadecuada a su edad.

Sagrario torció la boca en lo que pudo parecer una sonrisa... no contestó a la pregunta, a la pregunta que ha tenido que responder durante tantos años... subió el sonido del radiocassette :

Te estoy amando locamenti,
pero no sé como te lo voy a decir.
Quisiera que me compremdieras,
y sin darte cuenta te alejas de mi.
Prefiero no pensar, prefiero no sufrir.
Nai no nai no na, nai no nai no na,
nai no nai, nai no nai, nai no na.
Nai no nai no na, nai no nai no na,
nai no nai, nai no nai, nai no na.